martes, 27 de marzo de 2007

El nuevo acceso a la información

Seguramente allá hacia fines del siglo XIX y principios del siglo XX, algún comerciante invirtió toda su fortuna en una empresa de venta de carruajes. No tenía pensado, como todos, que Henry Ford estaría en esos momentos hundido en su taller inventando ese artefacto que hoy en día nos soluciona la vida y a la vez nos acerca peligrosamente al calentamiento global: el automóvil. Para mala suerte de este individuo, entró en el negocio en el momento en los tiempos cambiantes de la sociedad llevarían su interés por otro lado totalmente diferente. Lo mismo pasa con el acceso hacia las creaciones intelectuales que muchos jamás soñaron en poder adquirir.

Está claro: la piratería roba conceptos e ideas. Pero, ¿alguien alguna vez soñó allá por los ochentas, cuando la industria de la música (por concentrarse en una sola actividad) era una verdadera mina de oro, que podría adquirir lo que para muchos era impagable, con un solo par de monedas? Hoy en día podemos encontrar textos que hace diez años nadie hubiese soñado en leer, con un solo clic gastando una moneda de un sol en una cabina de Internet. Esa es la premisa de este siglo: el libre acceso a la información.

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