Viernes. Dos y cincuenta y nueve de la tarde. Llegamos a un apagado y sucio hipódromo, otrora escenario donde cientos de aficionados a las apuestas equinas se debatían durantes horas apostando a la suerte, la sabiduría y la lógica de las probabilidades. Hoy, sin embargo, el Hipódromo de Monterrico luce decaído y demasiado lejano de lo que alguna vez fue. Un centenar de sexagenarios se pasean perdidos por enormes espacios alguna vez lujosos. Algunos se desplazan lentamente hacia las tribunas, otros hacia las ventanillas (las treinta que hay, aunque sólo funcionen cinco), otros hacia un kiosko improvisado que rompe con la elegancia que alguna vez tuvo este espacio. Todos, absolutamente todos, parecen haberse quedado en los sesentas y hoy se cubren de un pesado velo de soledad. La majestuosidad arquitectónica ha cedido el paso a la mediocridad y a la decadencia, simbolizada por un cartel en rojo subiendo las escaleras que dice: “Prohibido orinar”. Los charcos de urea que tenemos que esquivar nos anuncia que el aviso no cumplió con su objetivo.
domingo, 9 de diciembre de 2007
Prohibido orinar
domingo, 19 de agosto de 2007
Time vs. Bush
Tiene razón el autor del artículo en cuestión. Por un lado, queda claro que, al hablar de personas influyentes, hablamos tanto de aquellos que tuvieron una influencia positiva en la sociedad como aquellos que tuvieron una negativa. Elvis Presley influyó tanto en el mundo como lo hizo Hitler (uno a favor del rock and roll y el otro a favor de la creación de la raza perfecta a través de la matanza de miles de judíos).
Por otro lado, hoy en día pareciera que ser anti-Bush automáticamente te convierte en pro-Chávez (y vice versa) aunque creo que una cosa no tiene nada que ver con la otra. Tal vez Time no excluyó a Bush de la lista por una cuestión de llamar la atención o marcar algún tipo de tendencia, sino todo lo contrario. Tal vez evitaron ser catalogados como un anunciante o un propagandista de Bush así eludiendo cualquier referencia a sus acciones como gobernante.
Uno es libre de estar de acuerdo o en desacuerdo con quien le parezca, pero no podemos alejarnos de la realidad cuasi científica que arroja una influencia inevitable en estas épocas en las que vivimos.
viernes, 20 de julio de 2007
La realidad pirata latinoamericana
Es utópico pensar que algún día podremos ver el mundo como era antes. La sociedad, la industria, los negocios, la política y la cultura cambian constantemente. Lo que antes se hacía, hoy es obsoleto; la globalización no es más que un sinfín de posibilidades mediáticas que requiere un constante cambio. Por eso la piratería fonográfica parte de la misma premisa: la sociedad no dejará que la industria vuelva a hacer lo que era antes. Se tiene que reinventar; se tiene que ir a la esencia y partir de nuevo. Con nuevas bases, con nuevas propuestas, acorde al mundo en que vivimos hoy en día.
En definitiva, todo es parte de una estrategia comercial. Nadie se pregunta por qué las tiendas de grandes almacenes gastan millones en contratar a exitosas modelos que se convierten en la cara de una tienda que, dentro, vende ropa japonesa y china que, definitivamente, es más barata de lo que en realidad venden estas modelos. Por eso hoy te gastas en Ripley lo que ayer gastabas en Gamarra. Y es que esa estrategia de mercadeo es totalmente válida, pero en la producción fonográfica no se puede hacer lo mismo porque las manifestaciones artísticas requieren una creación mucho más elaborada, por eso es imposible bajarle el precio. Sin embargo, el consumidor medio cae en un desconcierto cuando ve la diferencia de precios entre un disco compacto pirata y uno legal. Luego, la incredulidad lo ahonda y, más tarde, cae en la indiferencia. En ese momento nace el problema social; aquél que no conoce de derechos de autor, de creaciones artísticas, de autorías, ni de producciones. Aquél que le importa más su bolsillo antes una oferta tan tentadora.
Está claro que todo país se basa en una cultura que, a su vez, se basa en el respeto hacia los demás. La propiedad intelectual no escapa de esa realidad. El cambio no está en el control hacia las aduanas, ni hacia las importaciones, ni hacia los fabricantes. Para hacer un cambio tenemos que concientizar, enseñar y educar que la piratería fonográfica o de cualquier otro tipo es un problema social. Sin embargo, hay que ser pragmáticos, ¿cómo podemos suponer que en un país donde ni siquiera se respetan las reglas de tránsito, se va a respetar el derecho intelectual?
¿Cuánto está ese?
Lunes, cinco de la mañana. La muchedumbre que adorna las calles de la Parada aparentan ser cuerpos inertes que se mueven a una velocidad pausada, como zombies en un mundo imaginario, todos con una meta en común: trabajar. Algunos de ellos compran fruta para vender en los mejores distritos de Lima, otros compran lapiceros, otros juguetes; existen los que se dedican a vender el mismo producto en las calles, otros van variando, se cansan de vender lo mismo, ofrecen lo que encuentran. Entre ellos, escondido entre la gama de grises que adornan el interminable espacio, camina Francisco Gutiérrez, un hombre de 43 años que, como todos los días y como todos los demás, empieza su jornada laboral en la Parada comprando discos compactos que venderá a lo largo del día en la esquina de siempre: Paseo de la República y Aramburú.
Así como Francisco, miles de vendedores ambulantes se dedican a ofrecer al consumidor decenas de discos de la música actual, la que sale en las radios, la que no se vende en las tiendas legales por costar 1,000% más que las que ofrecen Francisco y sus compatriotas, a quien muchos acusan de ser los causantes de tirarse abajo la industria fonográfica y cinematográfica. “Se equivocan”, nos dice Francisco. “Acá de vez en cuando viene Serenazgo y nos quita lo que nosotros vendemos… abusivos son, no nos dejan trabajar”. Pero Francisco alega que ellos no están haciendo nada malo. “Ya nos han dicho que esto es ilegal, que nos pueden meter a la cárcel, pero nadie nos va a meter a la cárcel porque primero tienen que meter a la cárcel a los que hacen los discos, pues”.
Francisco no sabe nada ni ha visto nada; él le compra los discos a una persona que a su vez se lo compra a otra y a otra y a otra, lo cual hace casi imposible encontrar al último culpable, al verdadero distribuidor, al magnate (uno sólo) que se está haciendo millonario con esta industria destruida. Al preguntarle a Francisco sobre esta destrucción, él responde: “pero si esos artistas tienen mucha plata, hasta les sobra… ¿por qué no nos dejan trabajar a nosotros también?” Razón no le falta, respuesta facilista, pero válida desde el punto de vista de nuestro trabajador.
Y así seguirán todos: los que venden, los que fabrican, los que de algún modo ayudan a combatirlo, los que detienen, los que confiscan y a los que les provoca, de pronto, escuchar música cuando van en su auto en el cruce de Paseo de la República con Aramburú y deciden, sin mayor precedente, bajar la luna… “¿cuánto está ese?”
martes, 5 de junio de 2007
Cerrando el caso
Jennifer empieza diciéndole al policía que va a ser muy difícil olvidar lo que pasó ese día. “Recuerdo que fuimos al colegio, como siempre. Recuerdo también que ese día hacía mucho frío. Hacía tanto frío que me costó sacar las manos del bolsillo en el recreo. Recuerdo que no había hecho mi tarea de lengua. Recuerdo que se rompió la hebilla de mi zapato negro. Recuerdo que a Cecilia y a mí me castigaron sin salir a Educación Física por pasarnos notitas en clase.” Jennifer no deja de calentarse las manos con la falda de felpa que tiene puesta. Ella, a sus diecisiete años, está acompañada de sus padres para dar su testimonio sobre Cecilia, su mejor amiga, que fue encontrada sin vida en el Cerro San Cristóbal, semidesnuda, con claros rasgos de una violación y estrangulada con una soga de cometa. Cecilia fue la última persona que vio a Jennifer con vida, además de su asesino, claro.
Estos son los testimonios que invaden el tiempo de los agentes de la División de Criminalística de la Policía. Día tras día, ellos intentan resolver uno de los miles de crímenes sin solución que esperan que alguien tenga el tiempo de resolverlos. Damián Chupihua, de 33 años, ha ascendido a teniente más rápido de lo que generalmente se asciende en una división como ésta, donde el buen trabajo está mal visto y donde reinan los favores y las varas. “Creo que soy el único que llegó sin vara. Con pura chamba”.
El trabajo de Damián empieza poco después del amanecer, cuando sale de su casa con rumbo a ese edificio color melón colindante a la Av. Aramburú que tiene el honor de llamar su centro de trabajo. Ahí, junto con otros veinte efectivos (un escuadrón de detectives forenses que se han ganado el apodo de “los CSI bamba”), Damián pasa el día investigando todos los casos de asesinatos, suicidios, ajustes de cuenta y demás crímenes que día tras día llenan las páginas policiales de los diarios. “Intentamos cerrar uno o dos casos por semana, pero no siempre es fácil. Aunque así nos pide el jefe, y si el jefe pide que se cierre un caso esta semana, se tiene que cerrar”. Hasta ahora no sabemos quién es el jefe, y todavía no tenemos la confianza para preguntar.
Rápidamente, Damián se vuelve hacia el file del caso que está viendo esta semana. Se titula “Cecilia Huamán. 16 años. Asesinato y violación”. Así, a secas y con la frialdad propia de su trabajo porque “en este trabajo no nos podemos involucrar. Si te involucras, te friegas, hermano”.
El equipo de detectives de la División de Criminalística de la Policía debe seguir las instrucciones de el jefe y cuando éste dice que se tiene que cerrar, se tiene que cerrar. No para de repetírnoslo. Preguntamos puerilmente qué significa cerrar un caso y Damián nos responde como a niños en un colegio “Culpables, pues, hermano. La gente pide un culpable, así nomás se cierra un caso. Menos mal que la amiguita es mujer, que si fuese hombre ya le habríamos tirado el dedo encima, cerrábamos el caso y el jefe feliz”.
Nos imaginamos que, tal vez, Jennifer debió haberse quedado con sus padres en casa. De no haber sido una violación, seguramente no hubiese regresado al colegio al día siguiente. Se hubiese encontrado en la carceleta esperando a que el juez se pronuncie, algo que en nuestro burocrático sistema estatal puede tardar meses, o años.
Jennifer contó que Cecilia había terminado con su novio hacía unos días porque ella no quería tener relaciones sexuales. “A él tenemos que ir a buscar”, nos dice Damián. “Seguro que fue él”. Necesitan cerrar el caso, está claro. Sino, el jefe se puede molestar.
Intentamos imaginas los últimos momentos de Cecilia, que encontró la muerte a manos de un desconocido (o conocido). Tal vez Cecilia se encontró con su novio. Tal vez él la invitó a dar una vuelta, a escaparse un poco de la rutina, a recordar los momentos que habían vivido hasta hace unos días. Nada está claro. Lo único que nos sabemos es que, en ese momento, lo que hacía instantes le hacia cosquillas, ahora le arrancaba la piel.
“Vamos hermano, tenemos que salir”, me dice Damián apresurado. “Mis chacales ya encontraron al ex–novio y tengo que coordinar el arresto”. Salimos apresuradamente del lugar a encontrarnos con las camionetas de policía. Evidentemente, el detective no pierde tiempo al respecto. No lo va a citar, no lo va a interrogar. Claro, el jefe pidió que cierren el caso esta semana… y ya estamos jueves.
martes, 29 de mayo de 2007
Cuando sea grande
Ayer, durante el desalojo de los invasores del mercado de Santa Anita, observé con sorpresa la reacción de un niño de no más de diez años, que lloraba desolado llevando las pocas pertenencias que había podido recuperar mientras repetía una y otra vez: “Es injusto… esto es injusto”. Cuando se acercaron las cámaras y la reportera le hizo algunas preguntas indagatorias, el niño sólo alcanzó a decir: “…pero me voy a vengar. Cuando sea grande me voy a vengar”, y se fue caminando por la tierra llorando desconsolado, cargando dos baldes de agua y un colchón maltrecho cortado por la mitad esperando, tal vez, la anhelada venganza que justifique la espera de tantos años. “Cuando sea grande”, dice.
Estaría de más decir que ese niño probablemente durmió en la intemperie, no comió nada en todo el día y no tuvo otra opción que cubrirse con papel periódico para resguardarse del frío que, justamente anoche, fue excepcionalmente crudo. Seguro se quedó dormido mientras el viento imperturbable secaba sus lágrimas y aún maldecía entre dientes la realidad que le tocó vivir. Tal vez soñó con la venganza. Tal vez esta mañana despertó sin llorar y con el estómago vacío y se levantó y siguió caminando con los suyos, con los dos baldes, ahora vacíos, y el colchón maltrecho que anoche soportó su odio y sus sueños.
sábado, 26 de mayo de 2007
San Isidro: distrito ejemplar
Alguna vez retratada como una zona de chacras a las afueras de la ciudad y adornada por las haciendas de la oligarquía limeña y por los imponentes olivos que trajo don Antonio de Rivera allá por el año 1560 desde España, San Isidro se ha convertido, con el pasar de los años, en una mezcla entre el clarísimo testimonio de la elegancia de lo que antes fue la hoy casi inexistente oligarquía limeña y una comunidad empresarial y céntrica donde convergen la modernidad y el progreso.
Con ese mismo sentimiento de tradición, la Municipalidad de San Isidro ha lanzado, ya desde la anterior gestión, una clara campaña de fidelización y reconocimiento de sus vecinos. Después de un oscuro y malgastado mandato por el Dr. Gastón Barúa durante los últimos años de fujimorismo, el último alcalde edil empezó los cambios hacia una nueva realidad sanisidrina con el resurgimiento de áreas del distrito antes olvidadas.
Tal y como cuenta la señora del Carpio, que ha sido vecina de San Isidro durante toda su vida, jamás había visto el distrito tan seguro ni tan vistoso. Con el Plan Luciérnaga que integró el serenazgo con la Policía Nacional en un sistema de vigilancia constante las 24 horas del día con efectivos a pie, en bicicleta, en motos y en automóviles, la ola de delincuencia bajó considerablemente durante los cuatro años de la anterior gestión. A partir de entonces y como nunca, nos cuenta la vecina, se sintió tranquila dejando su casa sola.
Los números hablan por sí solos: en la página web de la municipalidad se muestra que la ola de delincuencia en los últimos cinco años se ha disminuido en cerca de un 42% comparada con las mismas de hace veinte. En poco tiempo, se ha logrado un sistema de seguridad efectivo que debería ser la envidia de otros distritos.
San Isidro, igualmente, es la puerta de bienvenida a los turistas que visitan nuestra ciudad, puesto que el distrito es paso obligado de aquellos extranjeros que, desde el aeropuerto, se trasladan a los puntos turísticos principales de la capital. Con eso en mente y en un intento efectivo de lograr mejorar la imagen de San Isidro, el anterior alcalde realizó una obra sin precedentes sobre la Avenida Sánchez Carrión en la que se muestran todas las banderas de los países que tienen su embajada en el distrito. Llamó a este proyecto: El paseo de las naciones.
Claro que un distrito que alberga treinta embajadas y diecinueve residencias de embajadores no podía dejar de lado la representación internacional que tiene. Por eso, tal y como expone la revista “Caretas” y siguiendo un largo trámite con el gobierno, logró condecorar al distrito de San Isidro como Comunidad Internacional.
Está claro: hay aún muchos cambios por hacer y, habiendo terminado su gestión el señor Salmón, queda en manos del actual alcalde, Antonio Meier, continuar con las obras y los proyectos que se estaban llevando a cabo para así no truncar, como generalmente pasa, el progreso de una comunidad que tiene el potencial necesario para liderar el sistema municipal de otros distritos de la ciudad y del país.
¿Tirar la toalla?
Escuchaba a Rafo León hablar, la semana pasada, sobre lo poco que puede hacer la humanidad acerca de los evidentes cambios climáticos que azotan y afectan gran parte del mundo. Veía asombrado cómo proponía, sin más preámbulos, tirar la toalla y no hacer nada más que disfrutar los últimos años de vida que le queda al planeta.
Por suerte Rafo León no es más que un pseudo-periodista “aventurero” (lo pongo entre comillas porque eso de viajar en una 4x4 del año alrededor de carreteras y pasear por trochas para llegar a pueblitos totalmente civilizados no sé, aún, qué tanto aventurero puede ser). Igualmente, se jacta de ser gran admirador de las bellezas naturales del país (amenazados por el calentamiento global, por cierto) y con su programa promete promover la posibilidad de que nosotros, los peruanos, visitemos los recónditos pueblos “perdidos” de la sierra. No entiendo cómo él, que debería ser el primero en entusiasmar al grupo de señoras que leen la China Tudela en el Caretas a hacer algo por el planeta, nos propone tirar la toalla y dejar que los paraísos que defiende en su programa, desaparezcan en un par de décadas a las fauces hambrientas del ya nombrado y publicitado calentamiento global.
¿No será que el señor León tiene ya un contrato firmado con una televisora local para hacer otro tipo de programa? ¿Habrá tirado la toalla él para dedicarse a promover y conocer otro tipo de realidades que no estén amenazadas por la naturaleza y por eso nos invita a concentrarnos en otros asuntos? ¿Hablará de computadora quizá? ¿O un show de espectáculos?
Prefiero, realmente, que Macchu Picchu no salga elegido como una de las siete maravillas del mundo y que se utilice el dinero gastado en esas campañas para concientizar a la sociedad a poner su grano de arena para contrarrestar esta bien llamada epidemia que, así como dice Al Gore, “no está viniendo; ya está aquí”. Yo, por mi parte, no voy a tirar la toalla. Dedicaré todo el tiempo que pueda a realizar los cambios en mi vida para poder salvar este planeta del que hemos abusado tanto. Al menos así podré dormir en las noches sabiendo que aporté a que mis hijos disfruten de una vida ilimitada, así como yo la viví y la estoy viviendo.
Usted, señor León, tal vez debería dedicarse a tirar la toalla en otros aspectos, como, por ejemplo, escribir. Si estuviera en sus zapatos le daría la posibilidad de publicar libros a jóvenes literatos que no plagian el trabajo de otros y que, ellos sí, podrán disfrutar de un planeta que dure un poco más de lo usted propone. Al final y al cabo, a usted no le queda mucho tiempo, ¿no?
Un futuro prometedor
Viernes, nueve de la mañana. Entre el bullicio de los turistas que entran y salen del lobby de un lujoso hotel sanisidrino, una mano nos llama la atención. Andrea viste de deportes, nos saluda afectuosamente y denota un clarísimo carisma que no deja de sorprenderme. “Es la primera vez que me entrevistan, ¡qué miedo!”, nos dice como alertándonos de un posible nerviosismo incontrolable. Luego de un fructífero desempeño en el área hotelera de Europa, Andrea Peña (Lima, 32) regresa a su tierra natal con una revolucionaria idea de hoteles y resorts en los lugares más recónditos , pero paradisíacos, de nuestro país.
Empecemos por algo bastante, obvio. ¿Cómo ves Lima luego de seis años de ausencia?
Más que nada desordenado. No sé, todo el mundo anda preocupado todo el día. Seis años no es bastante tiempo como para poder notar un cambio marcado en un país, tanto para bien o para mal. Las cosas que veía cuando me fui de Lima, las veo más o menos igual ahora que regresé.
Pero hay cosas de las que uno se olvida.
Sí. Por suerte jamás de olvidé de la cocina porque mi esposo hace unos platos criollos maravillosos. (Risas). Digamos que más que nada me he olvidado de los pequeños detalles de la ciudad, que no la definen. Por ejemplo me había olvidado de esos afiches chicha negros con letras de neón que anuncian conciertos de tecnocumbia. Esos detallitos que nos hacen ser como somos, aunque, por suerte, nunca me olvidé de lo esencial.
Hablas sobre los afiches negros con luces de neón tan propios de nuestra cultura chicha, pero dices que no nos definen; entonces ¿qué nos define?
Claro que todo nos define, pero yo no identifico a Lima por los carteles chicha, sino por otras cosas.
¿Como qué?
La gente y el calor que se vive aquí… en Europa la gente tiende a ser mucho más fría, calculadora, como que no tuviesen sentimientos. Una vez que los conoces y conoces sus códigos te das cuenta que es gente maravillosa, sino me hubiese sido imposible vivir ahí tantos años.
¿Los europeos son más confiables que los peruanos?
Hay de todo. Digamos que los europeos, burocráticamente, tienden a ser más transparentes. No existen las coimas, los regateos, los amarres, las varas… la criollada definitivamente no es parte de su cultura. Por otro lado, el peruano es mucho más honesto con sus sentimientos; no tenemos problema en decirle a otra persona cómo nos sentimos, o mostrar nuestra furia o nuestra alegría. Los europeos en ese sentido con más pueriles e introvertidos.
Cualquiera diría que los europeos se parecen a los orientales.
Es que tienen mucho de los orientales. Sobretodo el respeto al prójimo. En Europa hay un respeto tajante a la integridad del ser humano como tal.
¿Y en Latinoamérica no hay eso?
No está tan establecido como allá. Digamos que existe, pero es tácito. Depende de cada uno, el gobierno no te está presionando para que respetes ese derecho y te hagas respetar.
¿Entonces por qué vemos a los skin heads en Alemania que atemorizan a los ciudadanos que no se parecen a ellos?
Porque para que Europa llegue a ser lo que es, ha tenido que sufrir mucho y ha tenido que cometer muchos errores. Este tipo de desadaptados son el rezago de lo podrido que alguna vez fue Europa.
Hablemos de tu regreso. Vuelves en un momento cúspide de tu carrera.
Por suerte sí. Hemos trabajado muchísimo, tanto Enrique como yo (Enrique Fox, socio de Andrea) y hemos logrado cosas impresionantes, que ninguno de los dos jamás soñamos. Sin embargo, empezamos a ver que en Europa andábamos patinando un poco sobre lo mismo. Aunque nos iba genial, nos faltaba el cambio de escenario.
¿Y el Perú te da eso?
¡Claro que sí! El Perú está en una vorágine turística impresionante. La tasa de turismo va creciendo cada vez más. Lo que queremos hacer con Enrique es empezar una cadena de resorts en lugares no conocidos por los extranjeros.
¿Y por qué no empezar por un lugar seguro? Lima o Cusco, por ejemplo.
Porque sería repetir la misma rutina europea. ¡Qué aburrido! Además ya no es tan fácil entrar al mercado hotelero en ciudades donde las grandes cadenas ya tienen los ojos puestos o ya están establecidas. Nosotros queremos ir a lugares donde las grandes cadenas no se atreven a ir.
¿Como Ayacucho?
Por ejemplo, aunque nos gustaría empezar por la selva.
Esa receta me suena a conocida. ¿Inkaterra no tiene la misma propuesta?
Desde afuera sí, pero esencialmente no. Inkaterra es un resort de aventura pero está dedicado a cierto tipo de público: NSE A o B, de muchísimo dinero. Nosotros queremos hacer un Friends & Family Resort, con diferentes propuestas de diversión, para que los turistas que vayan se diviertan al máximo con actividades recreativas, juegos, bailes típicos. A través de la recreación conocerán nuestra cultura.
Es un proyecto ambicioso.
Sí, pero es común decir que los proyectos ambiciosos son imposibles. El ámbito hotelero está lleno de retos y destacar es muy difícil, pero es lo más gratificante.
La matanza de Virginia Tech y la profunda crisis educativa de EE.UU.
De un tiempo a esta parte, Estados Unidos ha pasado de ser una nación modelo que encabezaba el movimiento liberal del mundo, a ser un país resentido, culpable de miles de muertes, en la mira de los grupos extremistas y terroristas y, sobretodo, con una profunda y grave crisis social. Si dejamos de lado por un momento todo el tema que circunda la guerra en Iraq y realizamos un enfoque sobre lo que en realidad pasa puertas adentro, podremos ver que el sistema educativo, en algún momento líder mundial, no es, seguramente, tan efectivo como parecía.
Cho Seung-Hui, el joven surcoreano que decidió acabar con la vida de treintaitrés personas, incluyendo la suya, en Virginia Tech, tenía un claro desbalance psicológico; eso está claro. Lo que hizo lo hizo desde la venganza y el odio y ha quedado pintado por los medios estadounidenses como un monstruo en desbande que ningún sistema educativo pudo controlar.
Sin embargo, tal y como lo cuenta ABC News, no podemos dejar de lado el hecho de que Cho Seung-Hui vivó desde los ocho años en Virginia junto con su familia. Seguro que llegó a Norteamérica como los miles de inmigrantes que pasan por las puertas del atractivo país. Gran parte de su infancia y toda su adolescencia, en definitiva, fue dentro del sistema educativo de Estados Unidos. Éste es conocido por ser una mezcla entre la libertad de expresión y la opresión de parte del gobierno. Digamos que hasta los 21 años, los adolescentes norteamericanos viven como encapsulados dentro de un sistema que no les permite experimentar, con la libertad que ellos prometen, las vivencias propias del crecimiento. No es de sorprenderse, claro, que cuando llegan a la edad apropiada, de pronto, dejan de existir los límites y tienen las puertas abiertas para hacer con su vida lo que soñaron con hacer toda su infancia.
Está claro, entonces, que no podemos dejar de lado la realidad. Cho vivió durante quince años en una sociedad en la que fue amoldándose pero que, en definitiva, le era ajena. Seguramente (y digo seguramente porque es lo que le pasa al 90% de los escolares que reciben la educación estatal, según los últimos sondeos del gobierno norteamericano) el asesino no recibió ni la educación personalizada necesaria y prometida, ni el tratamiento psicológico (o psiquiátrico en todo caso) que hubiese identificado el desorden que claramente tenía. Por eso no podemos culpar como protagonista a la facilidad en la que cualquier ciudadano puede comprar un arma, aunque no deja de ser personaje secundario de esta verdadera crisis social.
Desde la educación, tanto escolar como familiar, es que los desastres que sacuden al mundo pueden ser evitados. Cho fue un niño que seguramente vivió martirizado y excluido por una sociedad que, si bien ya no se autoproclama racista, sigue creando diferencias sociales marcadas y crueles. Muchos sistemas educativos alrededor del mundo dicen haberlo tomado como base y en las conferencias educativas alrededor del planeta, siempre hay dos o tres ponentes norteamericanos hablando sobre las maravillas de la realidad educativa del país. Sin embargo, en otros países, a mayor o menor escala, no ocurre lo que ocurre constantemente en Estados Unidos. Según la revista Somos, desde 1996, ha habido treintaidós tiroteos en diferentes universidades y colegios donde han muerto más de cien personas. Lo sorprendente del caso es que casi el 40% de los asesinos no llegaban a los 16 años.
Tal vez no fue una buena idea que Cho haya venido con su familia a Estados Unidos. Tal vez ellos debieron quedarse en Corea y ahí vivir con la plenitud y felicidad que seguramente buscaban al emigrar a Norteamérica. Sin embargo, nadie los puede culpar. A quien sí pueden culpar es a Cho, que apretó el gatillo y acabó con la vida de treintaidós inocentes que su único crimen fue ir a clases ese día, como todos los demás. En ellos y en su memoria, deberá quedar el testimonio de que Estados Unidos, hace mucho tiempo, ya no es el paraíso.
Viaje a Nueva Zelanda
Hace unos meses, escapando un poco de la rutina citadina y aprovechando unas ofertas que me ofrecía la tarjeta de crédito con la que trabajo, compré un paquete de vacaciones a las playas de Nueva Zelanda, empujado un poco por la insistencia de mi mujer con quien tengo el compromiso, desde hace algunos años, de conocer un rincón del mundo totalmente ajeno a nosotros. Fue, seguramente, la mejor semana de nuestras vidas. Nueva Zelanda es, sin duda, uno de los puntos del planeta más impresionantes y la variedad de parajes que tiene no tiene comparación con ningún otro sitio que haya visto jamás.
Algo ya cansados del trajín diario de los paseos, tours y demás viajecillos tanto impresionantes como cansadores, una amiga neozelandesa, a quien tuve la suerte que conocer por trabajo en el Perú, nos convenció en invertir nuestro último día en alquilar un automóvil y manejar doscientos kilómetros hasta una playa paradisíaca no muy lejos de ahí para poder descansar sin el temor del paseo que vamos a perder o del tren al que no vamos a llegar. Nos pareció tan atractiva la propuesta que esa misma tarde alquilamos el automóvil y al día siguiente temprano salimos por la carretera que nos habían aconsejado seguir. A unos ochenta kilómetros de la ciudad, una camioneta de la policía nos hizo señas para detenernos. Algo acostumbrados a la realidad de tránsito de nuestro país, no me había dado cuenta que el límite de velocidad era menor al que en realidad estaba yendo y, sin ningún tipo de reflexión, el oficial me puso una papeleta. La verdad es que nuestra partida al día siguiente y el deseo de pasar un día sin horarios ni compromisos hicieron que nos olvidáramos que pagar la multa y regresamos de vuelta a Lima sin ningún problema.
Sin embargo, algunas semanas después de haber llegado, cuando ya estábamos de vuelta en la rutina citadina de la que habíamos escapado, recibimos en casa un sobre sellado del Consulado de Nueva Zelanda en el Perú, dentro del cual se encontraba nada más y nada menos que la bendita papeleta que efectivamente no habíamos pagado y que iba acompañada por un manual de pagos a través del cual te ofrecía cancelar el monto total vía Internet, dando el número de tarjeta de crédito, haciendo una transferencia a una cuenta o pagando en efectivo en la caja del consulado. Fue tal mi sorpresa y tal mi gusto por la efectividad del sistema neozelandés que pagué mi multa esperando que en algún futuro no muy lejano podamos acercarnos a poder contar con ese tipo de vida que mejore todos los sistemas que tenemos. Algún día, tal vez, no tendremos que pasar diez años en un juicio porque un desconocido falsificó tu título de propiedad y lo vendieron dejándote en la calle. Mis aplausos a Nueva Zelanda, un país que no se cubre con el sensacionalismo con el que se cubre Estados Unidos y que no tiene absolutamente nada que envidiarle a ese país. Esperemos poder lograr ese sueño del que somos tan capaces.
El liberalismo de Shakespeare
William Shakespeare se retorcería en su tumba, en alguna fosa perdida de Inglaterra, si supiese que hoy los tiempos han cambiado. Si bien en la época del Renacimiento, momento cúspide de las artes en el mundo, a las mujeres no se les permitía estar sobre las tablas, su presencia en las obras de teatro del inglés, aunque escasa, era sumamente importante. Por eso afirmo que Shakespeare no podría creer que hoy miles de mujeres alrededor del mundo brillan en el escenario como cualquier otro actor reconocido del Lord Chamberlain’s Men con el que se hicieron tan famosos en la corte británica. Con esto, sin embargo, no trato de probar que Shakespeare fue un conservador acérrimo a mantener las formas mandadas por la monarquía, más bien me inclino a pensar todo lo contrario. Sin embargo, no podemos cegarnos y decir que el ser humano vive inmune a los parámetros morales de la época en la que vive o que la sociedad no influye sobre el individuo sin dejar de moldear su forma de ser. Sí, bajo la mirada liberal del mundo de hoy, William Shakespeare fue machista.
Está claro que no podemos desligarnos de nuestro pasado y la realidad es que nuestra historia está manchada de un pasado que daba una clara preferencia al hombre. También sabemos que hoy en día sigue habiendo un claro pensamiento callado que intenta plasmar las diferencias entre los sexos. Sin embargo, las revoluciones fueron creadas para cambiar el modo de pensar de la sociedad. Sin eso, el “I have a dream” de Martin Luther King Jr. no hubiese sido el detonante de una serie de eventos que terminaron por declarar, abiertamente, que tanto los negros como los blancos pueden vivir pacíficamente en el mismo país. Hay excepciones, claro.
De un tiempo a esta parte, la sociedad, aunque en la práctica muchas veces veamos lo contrario, condena abiertamente el racismo. Lo mismo no ocurre con el machismo (y el feminismo también) puesto que entran en juego las características propias de cada sexo. Sin embargo, el respeto por las propias cualidad de los hombres y de las mujeres no está moralmente errada, pero cuando ésta empieza a tapar las posibilidades tanto profesionales como sociales de la mujer (o del hombre), empezamos a revivir el pasado ridículo con el que fueron criados nuestros ancestros. Sólo así, Shakespeare podría descansar tranquilo a sabiendas de que, si bien vivió hundido en una serie de mandatos ancestrales, su buen mandado liberalismo, finalmente, dio frutos.
martes, 27 de marzo de 2007
Los sueños rotos que causa la piratería
Siempre terminan ganando los más tramposos y sufriendo las penurias los más honrados: es una ley natural del ser humano. Aunque tenga que pasarme tres horas frente a la pantalla intentando producir un trabajo digno de ser presentado, habrá alguien que en dos minutos haga unos movimientos con el mouse de su computadora y en el menor tiempo posible haya rescatado algún texto perdido por la web y lo haya adoptado como propio. Lo que muchos seguramente no entienden es que las verdaderas víctimas de los plagios son los ladrones mismos, esos que, con cada texto entregado que no le pertenece, con cada jornada minúscula frente a la computadora y con cada resumen encontrado en cualquier sitio, que ojean sin demora para evitar tener que leer las cien páginas de esa novela aburrida, van decayendo, sistemáticamente, en su propia ignorancia.
Hace no mucho tiempo, una amiga mía se pasó dos semanas escribiendo una monografía decisiva para pasar uno de los últimos cursos de la universidad. Una tarde, revisando un borrador casi terminado en los laboratorios de informática de su casa de estudios, olvidó dentro de la computadora el diskette donde tenía guardado el trabajo. Pensó que su omisión sería totalmente inofensiva y, algunas noches de desvelo después, le entregó el documento revisado, releído e inmaculadamente impreso a su profesor.
Tal sería su sorpresa algunos días después cuando la llamaron de la dirección de la universidad a una reunión con el mismísimo decano. “Estaba tan bien escrito que me quieren premiar”, pensó, pues poca era su modestia después del arduo trabajo que significó redactar esa monografía. Estaba equivocada. Un misterioso y silencioso muchacho de su clase se había llevado el diskette a su casa y había entregado prácticamente el mismo trabajo que ella escribió con tanto sudor y el decano culpaba a los dos de haber falsificado el documento. El indecente ladrón, para colmo de males, juraba y perjuraba que el trabajo era de él y que era ella la que, de alguna manera, lo había robado y se había adjudicado la autoría. Decenas de trámites y cartas de por medio, y un par de noches en vela, me consta, la universidad le dio finalmente la razón y pudo pasar, justa y gloriosamente, ese curso con un diecisiete de promedio que la acercaba, poco a poco, a su tan anhelado título profesional.
Un ejemplo, como muchos, de que el robo intelectual puede destruir sueños en un instante.
Diferentes casos de comunicación
I- Primer caso: Comunicación masiva
1. Contexto: una furiosa directora de un colegio parroquial le recrimina a la promoción de quinto de media por su mal comportamiento durante la ceremonia de graduación.
1.1 Contexto físico: la ceremonia se lleva a cabo en el coliseo del colegio, pequeño para la cantidad de personas que están ahí y, para colmo, esto ocurre a mediados de diciembre y hace mucho calor. Muchos exponentes han dado interminables discursos y los alumnos no han prestado atención y la mayoría de ellos ha estado conversando. La directora del colegio está parada en la primera fila del público, mirando a los alumnos con el micrófono en la mano. Muchos de los asistentes no sabe dónde es que se encuentra, puesto que ella está parada de su asiento entre el público y el sonido sale de los parlantes. Los alumnos, sin embargo, la ven perfectamente y, sentados en perfecta formación, ahora sí, escuchan atentamente la recriminación de su directora.
1.2 Contexto social: la directora ha tenido diversos altercados con este grupo de alumnos en particular durante todos los años en los que ha servido en este colegio. Si bien se ha llevado relativamente bien con algunos de ellos en el pasado, este último año la mayoría del grupo a pasado alguna vez por su oficina por mala conducta, quejas de los profesores o peleas durante el recreo. Los alumnos tampoco se retribuyen mucho afecto. La mayoría alega que en estos últimos años de secundaria se ha vuelto más severa y menos tolerante de las excesivas, aunque entendibles, picardías de los adolescentes. Esto ha llevado a que le pongan una gran cantidad de apodos a sus espaldas.
1.3 Contexto histórico: esa misma mañana y antes de la llegada de los padres, la directora habló con los alumnos y les pidió expresamente que no quería sorpresas durante la ceremonia. Por eso, durante el mensaje que ella como emisora le manda a los alumnos como receptores les recrimina algunos elementos que los demás testigos no llegan a entender, mientras que los alumnos sí.
1.4 Contexto psicológico: la directora está furiosa y no puede creer lo que está haciendo durante una ceremonia de graduación, aunque se ve obligada debido a que debe mantener la integridad de la institución al final y no debe dejar que este tipo de ofensas pasen desapercibidas.
1.5 Contexto cultural: tanto la directora como los alumnos pertenecen a la misma ideología cultural, puesto que pertenecen a la misma ciudad.
2. Participantes
Los participantes, como mencioné anteriormente, son la directora del colegio por un lado, que funciona como emisora y por el otro lado están los alumnos que sirven de receptores del mensaje recriminador que ella les está enviando.
3. Mensajes
3.1 Significados y símbolos: el objetivo principal de la directora, como siempre, es educar y siempre lo está haciendo. En su caso, ella da un largo sermón sobre la obligación de los menores a escuchar a sus superiores, sobre todo cuando ellos sólo intentan advertirles sobre la gravedad de la vida real una vez salgan de las aulas escolares y se lancen a mayores y más importantes caminos profesionales. Los alumnos, por su parte, están escuchando lo que dice la directoria por miedo a una recriminación mayor si es que no lo hacen.
3.2 Codificar y descifrar: los alumnos no tienen ningún problema en decodificar el mensaje de la directoria puesto que ella es muy clara en lo que dice, siempre lo ha sido. Por otro lado, la directora está muy firme en su decisión y el mensaje que transmite está enormemente ilustrado por la claridad expositiva que ha ganado al pasar de los años como educadora.
4. Canales: en este caso, la directora utiliza un canal generalmente utilizado en la comunicación: el sonido (a través de la voz). Aún así, la voz sale por los parlantes que se encuentran en el coliseo y esto cambia la forma en la que el mensaje es transmitido. Por otro lado, ella utiliza otro canal de comunicación a través de su postura y de la forma en la que marca la tonalidad de sus palabras con su mano.
5. Ruido
5.1 Ruido externo: el ruido externo se debe, básicamente, a la mala calidad que tienen los parlantes que están en el coliseo. De ellos, aparte de la voz de la directora, se desprende un sonido metálico, como si se estuviera rozando un papel de aluminio.
5.2 Ruido interno: en el caso del ruido interno, la furia y la indignación que tiene la directora la hace cegarse un poco de lo que dice. Sin embargo, tiene una habilidad oral tal, que no es sorpresa que no sea una debilidad notoria en su discurso recriminatorio.
II- Segundo caso: Comunicación interpersonal
1. Contexto: dos doctores intercambian puntos de vista profesionales luego de una conferencia local de especialistas durante un cóctel celebrando la finalización de la jornada.
1.1 Contexto físico: los dos doctores se encuentran en una sala de conferencias repleta de otras personas, cerca de la mesa donde se distribuye la comida.
1.2 Contexto social: éstas dos personas se conocieron ese mismo día en la conferencia y, si bien nunca se han visto, trabajan en la misma especialidad y viven en la misma ciudad.
1.3 Contexto histórico: no hay un contexto histórico en este caso puesto que las dos personas se acaban de conocer.
1.4 Contexto psicológico: uno de los dos doctores, Carlos, (que inició la conversación), está muy interesado en conocer a otros compañeros de su especialidad puesto que su meta es iniciar un proyecto en conjunto para abrir un consultorio de dermatología donde trabajen varios especialistas. Eduardo, por su parte, es la primera vez que atiende a una conferencia de esta naturaleza y se siente algo abrumado por la gran cantidad de profesionales que se dedican a lo que él hace. Está ligeramente preocupado por la gran demanda de dermatólogos que existen y teme que ellos le puedan quitar gran parte de su clientela.
1.5 Contexto cultural: ambos doctores salen de la clase media y batallaron toda su juventud pagándose ellos mismos la carrera de medicina para llegar a ser profesionales eficientes y medianamente reconocidos en el medio. Igualmente, pertenecen a la misma raíz cultural.
2. Participantes
Los participantes, como mencioné anteriormente, son Carlos y Eduardo, dos doctores especialistas en dermatología que se acaban de conocer a la salida de una conferencia sobre su especialidad y han entablado una conversación profesional sobre sus especialidades. Ambos sirven tanto de emisores como de receptores, puesto que es una comunicación retroalimentada.
3. Mensajes
3.1 Significados y símbolos: tanto Carlos como Eduardo tienen claros objetivos profesionales, tanto similares como diferentes. Ambos quieren ser reconocidos dermatólogos. Sin embargo Carlos, como mencioné con anterioridad, tiene la meta de montar un consultorio dermatológico en común con otros profesionales, mientras que Eduardo, en su miedo de perder clientela por la gran demanda de dermatólogos que hay en la ciudad, tiene como objetivo ser reconocido de manera individual, sin ningún consultorio que lo respalde.
Por otro lado, uno de los objetivos de Carlos en esta conferencia es encontrar a otros profesionales que se interesen en montar un consultorio juntos. Por eso mismo, muchos de los signos (sobretodo desde el lenguaje no verbal) será llevado por el interés de Carlos en convencer a Eduardo para que se una a su plan.
3.2 Codificar y descifrar: ninguno de los participantes de la conversación tiene problemas ni para codificar ni descodificar las ideas y los símbolos del otro. Si bien Carlos está algo cansado por la larga jornada (y por eso le puede ser algo difícil identificar claramente los signos que le envía Eduardo), se entusiasma en escuchar las experiencias de su compañero puesto que quiere encontrar el momento para proponerle la posibilidad de un trabajo juntos.
4. Canales: en este caso, Carlos y Eduardo utilizan el canal básico en la comunicación interpersonal: el sonido (a través de la voz de ambos). Sin embargo, Carlos, en su objetivo de convencer a Eduardo a que se interese en su proyecto, quiere mostrarse muy amigable y confiable, y por eso intenta darle palmadas en la espalda o tocarle el hombro en diversos momentos de la conversación. En este caso, Carlos utiliza la comunicación no verbal a través de un segundo canal: el tacto.
5. Ruido
5.1 Ruido externo: el ruido externo se debe, básicamente, al gran bullicio de la gente que está en el cóctel a la salida de la conferencia. Si bien es un lugar amplio, hay muchas personas dentro y la mayoría está en airosas conversaciones y dificultan la transmisión de los mensajes entre los dos doctores. Igualmente, al estar cerca de la mesa de comida, en diversas oportunidades de presenta un mozo para ofrecerles bocaditos o refrescos. Esto desvía la mirada de ambos y, por un momento, se corta la comunicación, hasta que ambos vuelven a la misma. De este modo, el mozo se vuelve también un elemento de ruido externo.
5.2 Ruido interno: en el caso del ruido interno, Carlos está un poco cansado y le cuesta estar de pie por mucho tiempo seguido. Por eso, el dolor de sus pies cansados interfieren en la comunicación. Por otro lado, Eduardo sigue abrumado por la cantidad de especialistas de su área y, en el fondo de su mente, no se olvida de la preocupación que esto le causa.
Comentario final:
Es algo bastante complicado plasmar en dos páginas todos los elementos básicos de la comunicación en dos casos diferentes. En este trabajo, por consiguiente, he intentado marcar las pautas básicas y, de alguna forma, lograr el balance clave entre un límite de palabras y el completar la consigna. Por eso mismo, espero que su calidad dé paso a una reconsideración por haber superado el espacio que se pautó desde un primer momento.
El nuevo acceso a la información
Seguramente allá hacia fines del siglo XIX y principios del siglo XX, algún comerciante invirtió toda su fortuna en una empresa de venta de carruajes. No tenía pensado, como todos, que Henry Ford estaría en esos momentos hundido en su taller inventando ese artefacto que hoy en día nos soluciona la vida y a la vez nos acerca peligrosamente al calentamiento global: el automóvil. Para mala suerte de este individuo, entró en el negocio en el momento en los tiempos cambiantes de la sociedad llevarían su interés por otro lado totalmente diferente. Lo mismo pasa con el acceso hacia las creaciones intelectuales que muchos jamás soñaron en poder adquirir.
Está claro: la piratería roba conceptos e ideas. Pero, ¿alguien alguna vez soñó allá por los ochentas, cuando la industria de la música (por concentrarse en una sola actividad) era una verdadera mina de oro, que podría adquirir lo que para muchos era impagable, con un solo par de monedas? Hoy en día podemos encontrar textos que hace diez años nadie hubiese soñado en leer, con un solo clic gastando una moneda de un sol en una cabina de Internet. Esa es la premisa de este siglo: el libre acceso a la información.
Piratería: la destrucción pausada de una industria
Darío Fo decía que todos hemos sido ladrones en algún momento de nuestras vidas: hemos robado ilusiones, chistes, sonrisas. Remataba su apreciación diciendo que la picardía y el humor, sin embargo, nos demuestra que, a la larga, somos inocentes. Pocos puedes afirmar que jamás en su vida han comprado algún producto pirata. Hasta los más puritanos han sido tentados por ver esa película que salió en el cine y que no logran enganchar en el cable, o por ese CD que el bolsillo no nos permite, generalmente, desembolsar tanto para adquirirlo.
Sin embargo, el comprador de piratería, ya sea un libro, un CD o un DVD, no conoce realmente la enorme industria que va matando con cada página que lee o con cada canción que adquiere en la esquina a un mucho menor precio del que encontraría en la tienda. Cada película, por ejemplo, implica una enorme cantidad de técnicos, actores, directores y productores que la crean, otros miles de involucrados en la fabricación de eso que se vende, más los distribuidores y los mismo vendedores legales que se ven obligados a cerrar sus tiendas para poder subsistir en una sociedad que se niega a reconocerlos. Pueden matar a todos los violadores de niños que encuentren, encarcelar a los ladrones y a los hackers y a todos los congresistas corruptos que quieran, pero jamás, en la historia del mundo, se ha sentenciado a un comprador que gasta cinco soles en comprar el último CD en el kiosco de la esquina.
Por algo la piratería se ha vuelto tan legal que se vende en todas las esquinas de la ciudad a vista y paciencia de las autoridades que, desde las ventanas de su camionetas cuatro por cuatro, hasta voltean la mirada para divisar los últimos hits tropicales o las últimas producciones de los más conocidos artistas pop del mundo. Si la demanda no disminuye, jamás lograremos detener la compra ilegal y el robo intelectual a cientos y miles de directores, actores, escritores, literatos y músicos que se ven (o se verán, a este paso) obligados a dedicarse a otro tipo de aficiones para poder llevar el pan a la mesa, porque cuando se va la fama, las joyas, las regalías y los millonarios contratos, sólo quedan bocas hambrientas que alimentar y una mesa con platos de vacíos que añoran con un pasado que no se ve reflejado en su presente.
lunes, 19 de marzo de 2007
La cobertura de los medios y las obras de teatro
El director británico Peter Brook decía que lo mejor que un director puede hacer, en su trabajo sobre las tablas, es sólo preocuparse de los actores. Sin embargo, si el legendario británico viviese en Lima podría darse cuenta rápidamente que el panorama que te ofrecen las ofertas de dirección en los teatros de la ciudad no se acercan en lo más mínimo a su sueño idealista de concentrarse en la dirección de actores. La cruda realidad es que uno generalmente termina de director, de asistente de sí mismo, de promotor, de productor, y hasta a veces de iluminador o escenógrafo. Sin embargo, esa es la faceta de dirección que termina enamorándote: la posibilidad de hacer de todo. Aún así, es interesante observar cómo funcionan los medios a la hora de cubrir un espectáculo y cuál es el impacto que éstos tienen sobre los directores teatrales que empiezan a surgir.
De un tiempo a esta parte, la oferta de teatro en Lima para un espectador se ha visto centrada en sólo algunos teatros (aunque el verdadero problema es que no existen más, pero ese es un tema aparte). Si el Centro Cultural de
Escapando un poco del tema, en Buenos Aires los teatros son privados (como aquí) y cualquier director tiene la posibilidad de presentar una propuesta para montar cualquier producción. Dentro del mismo, hay una junta directiva que analiza el proyecto y decide si darle cabida en su espacio o no. Sin embargo, Edgar Saba es el único que presenta montajes en el Centro Cultural de
Entonces cualquier director que quiere surgir tiene que ir a cualquier otro sitio con pocas posibilidades de tener el público necesario para subsistir porque los medios no le darán la cobertura necesaria puesto que no se presenta en los teatros oficializados por ellos mismos. Ellos son los que en definitiva deciden qué va a ir a ver el público porque sectorizan su cobertura para estos teatros.
En nuestro país el talento sobra, sólo necesitamos apostar por los nuevos proyectos. Los que se presenten (y se cubran, claro está) podrán tener en el futuro la posibilidad de proponer mayores montajes, de una envergadura más ambiciosa y de una calidad mucho más envidiable. Sólo así podremos acercarnos a ese anhelo del que hablaba Peter Brook en sus inicios como director.
domingo, 18 de marzo de 2007
Sobre las Relaciones Públicas
Si bien sabemos que toda empresa tiene aspectos internos y externos, creo que es crucial decir que las relaciones públicas, si bien a primera vista aparentarían pertenecer exclusivamente a los aspectos externos, influye de forma directa a ambos aspectos de la misma. Ya de por si, el nombre, aunque algo excluyente, es bastante ilustrativo. A mi parecer, y con lo poco que sé del tema, me podría lanzar a decir que las relaciones públicas es una inclinación laboral que se basa en analizar, investigar e intentar mejorar las comunicaciones de los aspectos tanto internos como externos de una empresa.
Las relaciones públicas me parecen una columna esencial para cualquier institución. Yo, que trabajo en una compañía que realiza eventos recreativos para empresas, he visto el cambio inmediato en el espíritu de los trabajadores en todos los eventos que hemos realizado. Empezamos haciendo campamentos para niños y recién hace dos años hemos abierto la posibilidad para empresas. En una oportunidad en particular, organizamos un evento de juegos para todos los trabajadores de
Fue recién ahí que me di cuenta de la importancia de la comunicación y la transparencia en cualquier institución. Me parece imperativo que exista un grupo de personas (o una persona, dependiendo del presupuesto) que se encargue de la calidad de comunicaciones en una empresa. Pienso que la razón primordial, aunque no la única, es mantener la imagen de la misma. Por otro lado, en el mundo en el que vivimos hoy en día, tenemos que tener en cuenta que la globalización ha impactado enormemente la variedad de productos y servicios que antes se ofrecían. Si en una ciudad media, hace cien años, sólo había una empresa que ofrecía servicios de venta de flores, hoy en día hay una interminable cantidad que ofrece lo mismo y de diferentes modos. Hoy las flores se pueden comprar en grandes cantidades, en pequeñas, por grupos, por Internet, desde casa, al contado, con cheque o tarjeta de crédito, junto con un peluche, enviado a la dirección que el cliente desee, entregado con un mensaje de amor y en paquetes de todos los tamaños, formas y colores. Por esto mismo, tal vez la publicidad ya no es suficiente. Ahí es que creo que entran en juego las relaciones públicas.
Está claro, entonces, que tenemos que ser creativos, llamar la atención, utilizar el valor agregado, la oportunidad, las sorpresas y un excelente servicio al cliente (el buen servicio ya no es suficiente). Sin embargo, no creo que el objetivo primordial de las relaciones públicas sea vender más; para eso está el Marketing. He leído por ahí que las relaciones públicas eran una herramienta más del Marketing, aunque creo que ahora tiene autonomía propia. Finalmente, si por algo están hermanados estas dos concentraciones es a través la comunicación.
Creo que no hay que alejarse de la imagen corporativa, tenemos que tener siempre eso en mente para poder trabajar y lograr una campaña de relaciones públicas eficiente; sólo así lograremos plasmar en hechos concretos los objetivos que he descrito antes. Estamos seguros que las empresas, corporaciones, asociaciones, organizaciones o personas para las que trabajaremos en el futuro se verán beneficiados por una nueva ola de comunicadores que llevarán a puerto seguro sus más claros objetivos.
Se empieza a hablar de nosotros
He escuchado repetidas e infinitas veces que uno nunca sabe lo que tiene hasta que lo pierde. Sin embargo, nunca logré captar muy bien la importancia de la frase. Tal vez, como humanos, tenemos que vivir las cosas para poder aprehenderlas. Un profesor nos decía que la historia siempre se repite porque nunca nadie está escuchando la primera vez; y mi experiencia fue exactamente así. No me di cuenta de lo mucho que valía mi país hasta que me fui a vivir fuera.
Esa vivencia hizo darme cuenta de todo lo que tenemos por explorar y explotar. Aprendí que no hay nada que valga más que nuestra familia y los amigos entrañables, esos que limitan en confianza con tus hermanos. Aprendí que podemos llegar muy lejos y que estamos empezando a cambiar, a ser más tolerantes, a apoyarnos unos a otros, a que los demás nos miren con orgullo y a demostrarles que no somos un país menor.
Está claro: nos estamos haciendo conocidos. En los últimos años se han abierto una inmensidad de restaurantes de comida peruana que son un éxito rotundo. Desde hace tres años que el restaurante número uno en Santiago de Chile, sin ir más lejos, es peruano. Además, así como encuentras restaurantes de comida japonesa o mexicana en cualquier punto del planeta, dentro de unos años podremos disfrutar de la comida peruana en la mayoría de ciudades del mundo; y eso es sólo el crecimiento culinario del país. ¡Falta todo lo demás! Estamos a un paso de tener en nuestro territorio a una de las siete maravillas del mundo y cada vez más son los turistas que vienen y se deleitan de nuestras playas, nuestra cultura, nuestros paisajes y, sobretodo, nuestra gente.
El camino es largo, difícil y recién estamos calentando los motores de lo que podrá ser el verdadero cambio que necesitamos. Nos costará mucho y seguro que nosotros no cosecharemos ni veremos el fruto de lo que estamos plantando, pero nuestros hijos sí. De ese modo, ellos no se irán ni buscarán su patria en otro país que no sea el nuestro y en esa decisión estará nuestro testimonio. Se lo merecen y nos lo merecemos.