Viernes, nueve de la mañana. Entre el bullicio de los turistas que entran y salen del lobby de un lujoso hotel sanisidrino, una mano nos llama la atención. Andrea viste de deportes, nos saluda afectuosamente y denota un clarísimo carisma que no deja de sorprenderme. “Es la primera vez que me entrevistan, ¡qué miedo!”, nos dice como alertándonos de un posible nerviosismo incontrolable. Luego de un fructífero desempeño en el área hotelera de Europa, Andrea Peña (Lima, 32) regresa a su tierra natal con una revolucionaria idea de hoteles y resorts en los lugares más recónditos , pero paradisíacos, de nuestro país.
Empecemos por algo bastante, obvio. ¿Cómo ves Lima luego de seis años de ausencia?
Más que nada desordenado. No sé, todo el mundo anda preocupado todo el día. Seis años no es bastante tiempo como para poder notar un cambio marcado en un país, tanto para bien o para mal. Las cosas que veía cuando me fui de Lima, las veo más o menos igual ahora que regresé.
Pero hay cosas de las que uno se olvida.
Sí. Por suerte jamás de olvidé de la cocina porque mi esposo hace unos platos criollos maravillosos. (Risas). Digamos que más que nada me he olvidado de los pequeños detalles de la ciudad, que no la definen. Por ejemplo me había olvidado de esos afiches chicha negros con letras de neón que anuncian conciertos de tecnocumbia. Esos detallitos que nos hacen ser como somos, aunque, por suerte, nunca me olvidé de lo esencial.
Hablas sobre los afiches negros con luces de neón tan propios de nuestra cultura chicha, pero dices que no nos definen; entonces ¿qué nos define?
Claro que todo nos define, pero yo no identifico a Lima por los carteles chicha, sino por otras cosas.
¿Como qué?
La gente y el calor que se vive aquí… en Europa la gente tiende a ser mucho más fría, calculadora, como que no tuviesen sentimientos. Una vez que los conoces y conoces sus códigos te das cuenta que es gente maravillosa, sino me hubiese sido imposible vivir ahí tantos años.
¿Los europeos son más confiables que los peruanos?
Hay de todo. Digamos que los europeos, burocráticamente, tienden a ser más transparentes. No existen las coimas, los regateos, los amarres, las varas… la criollada definitivamente no es parte de su cultura. Por otro lado, el peruano es mucho más honesto con sus sentimientos; no tenemos problema en decirle a otra persona cómo nos sentimos, o mostrar nuestra furia o nuestra alegría. Los europeos en ese sentido con más pueriles e introvertidos.
Cualquiera diría que los europeos se parecen a los orientales.
Es que tienen mucho de los orientales. Sobretodo el respeto al prójimo. En Europa hay un respeto tajante a la integridad del ser humano como tal.
¿Y en Latinoamérica no hay eso?
No está tan establecido como allá. Digamos que existe, pero es tácito. Depende de cada uno, el gobierno no te está presionando para que respetes ese derecho y te hagas respetar.
¿Entonces por qué vemos a los skin heads en Alemania que atemorizan a los ciudadanos que no se parecen a ellos?
Porque para que Europa llegue a ser lo que es, ha tenido que sufrir mucho y ha tenido que cometer muchos errores. Este tipo de desadaptados son el rezago de lo podrido que alguna vez fue Europa.
Hablemos de tu regreso. Vuelves en un momento cúspide de tu carrera.
Por suerte sí. Hemos trabajado muchísimo, tanto Enrique como yo (Enrique Fox, socio de Andrea) y hemos logrado cosas impresionantes, que ninguno de los dos jamás soñamos. Sin embargo, empezamos a ver que en Europa andábamos patinando un poco sobre lo mismo. Aunque nos iba genial, nos faltaba el cambio de escenario.
¿Y el Perú te da eso?
¡Claro que sí! El Perú está en una vorágine turística impresionante. La tasa de turismo va creciendo cada vez más. Lo que queremos hacer con Enrique es empezar una cadena de resorts en lugares no conocidos por los extranjeros.
¿Y por qué no empezar por un lugar seguro? Lima o Cusco, por ejemplo.
Porque sería repetir la misma rutina europea. ¡Qué aburrido! Además ya no es tan fácil entrar al mercado hotelero en ciudades donde las grandes cadenas ya tienen los ojos puestos o ya están establecidas. Nosotros queremos ir a lugares donde las grandes cadenas no se atreven a ir.
¿Como Ayacucho?
Por ejemplo, aunque nos gustaría empezar por la selva.
Esa receta me suena a conocida. ¿Inkaterra no tiene la misma propuesta?
Desde afuera sí, pero esencialmente no. Inkaterra es un resort de aventura pero está dedicado a cierto tipo de público: NSE A o B, de muchísimo dinero. Nosotros queremos hacer un Friends & Family Resort, con diferentes propuestas de diversión, para que los turistas que vayan se diviertan al máximo con actividades recreativas, juegos, bailes típicos. A través de la recreación conocerán nuestra cultura.
Es un proyecto ambicioso.
Sí, pero es común decir que los proyectos ambiciosos son imposibles. El ámbito hotelero está lleno de retos y destacar es muy difícil, pero es lo más gratificante.
Nos despedimos y le deseamos la mejor de las suertes. Muchos dirán que dejar un envidiable cargo en una de las cadenas hoteleras más grandes del mundo es sinónimo de locura. Viniendo de Andrea, sin embargo, no nos sorprende. La vemos desaparecer entre el bullicio de la gente del hotel. Antes de ir a trabajar en su enorme proyecto hotelero, que está a puertas de ver la luz, tiene que ir a hacer un poco de ejercicio. “ Para mantener la línea”, dice.