lunes, 19 de marzo de 2007

La cobertura de los medios y las obras de teatro

El director británico Peter Brook decía que lo mejor que un director puede hacer, en su trabajo sobre las tablas, es sólo preocuparse de los actores. Sin embargo, si el legendario británico viviese en Lima podría darse cuenta rápidamente que el panorama que te ofrecen las ofertas de dirección en los teatros de la ciudad no se acercan en lo más mínimo a su sueño idealista de concentrarse en la dirección de actores. La cruda realidad es que uno generalmente termina de director, de asistente de sí mismo, de promotor, de productor, y hasta a veces de iluminador o escenógrafo. Sin embargo, esa es la faceta de dirección que termina enamorándote: la posibilidad de hacer de todo. Aún así, es interesante observar cómo funcionan los medios a la hora de cubrir un espectáculo y cuál es el impacto que éstos tienen sobre los directores teatrales que empiezan a surgir.

De un tiempo a esta parte, la oferta de teatro en Lima para un espectador se ha visto centrada en sólo algunos teatros (aunque el verdadero problema es que no existen más, pero ese es un tema aparte). Si el Centro Cultural de la Católica, el Teatro La Plaza ISIL, el Teatro Municipal (que no tiene una cartelera constante) y el Teatro Británico abarcan todo el interés del público limeño es porque los medios se empeñan en darles una cobertura exclusiva. ¿Por qué? Porque son las obras que tienen mayores presupuestos, mejores actores y los directores de moda que se atornillan a las decisiones corporativas de los teatros. Entonces los medios escogen darles todo el foco a ellos y dar la apariencia de que no hay más oferta de teatro en Lima. En espacios alternativos, sin ir más lejos, estudiantes de teatro se matan preparando espectáculos maravillosos, pero de bajo presupuesto y con actores desconocidos para poder tener la atención del pequeño grupo de la población interesado en teatro. Sin embargo, a los medios no les interesa alentar este tipo de propuestas porque no se mueven dentro del circuito oficial de la ciudad.

Escapando un poco del tema, en Buenos Aires los teatros son privados (como aquí) y cualquier director tiene la posibilidad de presentar una propuesta para montar cualquier producción. Dentro del mismo, hay una junta directiva que analiza el proyecto y decide si darle cabida en su espacio o no. Sin embargo, Edgar Saba es el único que presenta montajes en el Centro Cultural de la Católica; y la razón es bastante obvia: él es el director ejecutivo desde sus inicios. Claro, Luis Peirano también ha presentado montajes (¡son amigos de la universidad!). En el Teatro La Plaza, Chela de Ferrari obtiene la mayor cantidad de montajes porque ella es la presidenta y lo mismo ocurre en el Teatro Británico con Roberto Ángeles. Hay excepciones, claro, pero son mínimas.

Entonces cualquier director que quiere surgir tiene que ir a cualquier otro sitio con pocas posibilidades de tener el público necesario para subsistir porque los medios no le darán la cobertura necesaria puesto que no se presenta en los teatros oficializados por ellos mismos. Ellos son los que en definitiva deciden qué va a ir a ver el público porque sectorizan su cobertura para estos teatros.

En nuestro país el talento sobra, sólo necesitamos apostar por los nuevos proyectos. Los que se presenten (y se cubran, claro está) podrán tener en el futuro la posibilidad de proponer mayores montajes, de una envergadura más ambiciosa y de una calidad mucho más envidiable. Sólo así podremos acercarnos a ese anhelo del que hablaba Peter Brook en sus inicios como director.

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