El director británico Peter Brook decía que lo mejor que un director puede hacer, en su trabajo sobre las tablas, es sólo preocuparse de los actores. Sin embargo, si el legendario británico viviese en Lima podría darse cuenta rápidamente que el panorama que te ofrecen las ofertas de dirección en los teatros de la ciudad no se acercan en lo más mínimo a su sueño idealista de concentrarse en la dirección de actores. La cruda realidad es que uno generalmente termina de director, de asistente de sí mismo, de promotor, de productor, y hasta a veces de iluminador o escenógrafo. Sin embargo, esa es la faceta de dirección que termina enamorándote: la posibilidad de hacer de todo. Aún así, es interesante observar cómo funcionan los medios a la hora de cubrir un espectáculo y cuál es el impacto que éstos tienen sobre los directores teatrales que empiezan a surgir.
De un tiempo a esta parte, la oferta de teatro en Lima para un espectador se ha visto centrada en sólo algunos teatros (aunque el verdadero problema es que no existen más, pero ese es un tema aparte). Si el Centro Cultural de
Escapando un poco del tema, en Buenos Aires los teatros son privados (como aquí) y cualquier director tiene la posibilidad de presentar una propuesta para montar cualquier producción. Dentro del mismo, hay una junta directiva que analiza el proyecto y decide si darle cabida en su espacio o no. Sin embargo, Edgar Saba es el único que presenta montajes en el Centro Cultural de
Entonces cualquier director que quiere surgir tiene que ir a cualquier otro sitio con pocas posibilidades de tener el público necesario para subsistir porque los medios no le darán la cobertura necesaria puesto que no se presenta en los teatros oficializados por ellos mismos. Ellos son los que en definitiva deciden qué va a ir a ver el público porque sectorizan su cobertura para estos teatros.
En nuestro país el talento sobra, sólo necesitamos apostar por los nuevos proyectos. Los que se presenten (y se cubran, claro está) podrán tener en el futuro la posibilidad de proponer mayores montajes, de una envergadura más ambiciosa y de una calidad mucho más envidiable. Sólo así podremos acercarnos a ese anhelo del que hablaba Peter Brook en sus inicios como director.
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