Es utópico pensar que algún día podremos ver el mundo como era antes. La sociedad, la industria, los negocios, la política y la cultura cambian constantemente. Lo que antes se hacía, hoy es obsoleto; la globalización no es más que un sinfín de posibilidades mediáticas que requiere un constante cambio. Por eso la piratería fonográfica parte de la misma premisa: la sociedad no dejará que la industria vuelva a hacer lo que era antes. Se tiene que reinventar; se tiene que ir a la esencia y partir de nuevo. Con nuevas bases, con nuevas propuestas, acorde al mundo en que vivimos hoy en día.
En definitiva, todo es parte de una estrategia comercial. Nadie se pregunta por qué las tiendas de grandes almacenes gastan millones en contratar a exitosas modelos que se convierten en la cara de una tienda que, dentro, vende ropa japonesa y china que, definitivamente, es más barata de lo que en realidad venden estas modelos. Por eso hoy te gastas en Ripley lo que ayer gastabas en Gamarra. Y es que esa estrategia de mercadeo es totalmente válida, pero en la producción fonográfica no se puede hacer lo mismo porque las manifestaciones artísticas requieren una creación mucho más elaborada, por eso es imposible bajarle el precio. Sin embargo, el consumidor medio cae en un desconcierto cuando ve la diferencia de precios entre un disco compacto pirata y uno legal. Luego, la incredulidad lo ahonda y, más tarde, cae en la indiferencia. En ese momento nace el problema social; aquél que no conoce de derechos de autor, de creaciones artísticas, de autorías, ni de producciones. Aquél que le importa más su bolsillo antes una oferta tan tentadora.
Está claro que todo país se basa en una cultura que, a su vez, se basa en el respeto hacia los demás. La propiedad intelectual no escapa de esa realidad. El cambio no está en el control hacia las aduanas, ni hacia las importaciones, ni hacia los fabricantes. Para hacer un cambio tenemos que concientizar, enseñar y educar que la piratería fonográfica o de cualquier otro tipo es un problema social. Sin embargo, hay que ser pragmáticos, ¿cómo podemos suponer que en un país donde ni siquiera se respetan las reglas de tránsito, se va a respetar el derecho intelectual?
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