Alguna vez retratada como una zona de chacras a las afueras de la ciudad y adornada por las haciendas de la oligarquía limeña y por los imponentes olivos que trajo don Antonio de Rivera allá por el año 1560 desde España, San Isidro se ha convertido, con el pasar de los años, en una mezcla entre el clarísimo testimonio de la elegancia de lo que antes fue la hoy casi inexistente oligarquía limeña y una comunidad empresarial y céntrica donde convergen la modernidad y el progreso.
Con ese mismo sentimiento de tradición, la Municipalidad de San Isidro ha lanzado, ya desde la anterior gestión, una clara campaña de fidelización y reconocimiento de sus vecinos. Después de un oscuro y malgastado mandato por el Dr. Gastón Barúa durante los últimos años de fujimorismo, el último alcalde edil empezó los cambios hacia una nueva realidad sanisidrina con el resurgimiento de áreas del distrito antes olvidadas.
Tal y como cuenta la señora del Carpio, que ha sido vecina de San Isidro durante toda su vida, jamás había visto el distrito tan seguro ni tan vistoso. Con el Plan Luciérnaga que integró el serenazgo con la Policía Nacional en un sistema de vigilancia constante las 24 horas del día con efectivos a pie, en bicicleta, en motos y en automóviles, la ola de delincuencia bajó considerablemente durante los cuatro años de la anterior gestión. A partir de entonces y como nunca, nos cuenta la vecina, se sintió tranquila dejando su casa sola.
Los números hablan por sí solos: en la página web de la municipalidad se muestra que la ola de delincuencia en los últimos cinco años se ha disminuido en cerca de un 42% comparada con las mismas de hace veinte. En poco tiempo, se ha logrado un sistema de seguridad efectivo que debería ser la envidia de otros distritos.
San Isidro, igualmente, es la puerta de bienvenida a los turistas que visitan nuestra ciudad, puesto que el distrito es paso obligado de aquellos extranjeros que, desde el aeropuerto, se trasladan a los puntos turísticos principales de la capital. Con eso en mente y en un intento efectivo de lograr mejorar la imagen de San Isidro, el anterior alcalde realizó una obra sin precedentes sobre la Avenida Sánchez Carrión en la que se muestran todas las banderas de los países que tienen su embajada en el distrito. Llamó a este proyecto: El paseo de las naciones.
Claro que un distrito que alberga treinta embajadas y diecinueve residencias de embajadores no podía dejar de lado la representación internacional que tiene. Por eso, tal y como expone la revista “Caretas” y siguiendo un largo trámite con el gobierno, logró condecorar al distrito de San Isidro como Comunidad Internacional.
Está claro: hay aún muchos cambios por hacer y, habiendo terminado su gestión el señor Salmón, queda en manos del actual alcalde, Antonio Meier, continuar con las obras y los proyectos que se estaban llevando a cabo para así no truncar, como generalmente pasa, el progreso de una comunidad que tiene el potencial necesario para liderar el sistema municipal de otros distritos de la ciudad y del país.
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